La autocensura o el miedo a disentir


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La autocensura o el miedo a disentir

Cuando era joven y estudiaba en el liceo, tenía un profesor de Castellano que no le gustaba dar clase y siempre, al final de lapso, trataba de culminar la asignatura con cualquier tipo de trabajo o tarea sencilla, que muchas veces no tenía nada que ver con la materia. En una oportunidad, molesta, le reclamé su falta de ética, vocación y profesionalismo, a lo que él me respondió que si yo volvía a exigirle o decirle cómo dar su clase, seguramente iba a reprobar la materia. Recuerdo que tenía 13 años y que más nunca volví a reclamarle nada a aquel profesor, aunque supiera que como profesional era un mediocre y un cobarde.


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El miedo es una de las armas más poderosas que tiene el ser humano para controlar a los otros. Muchos dictadores, caudillos, personas comunes han utilizado el miedo para gobernar, para lograr sus objetivos o para acorralar a otras personas. Conscientes del poder del miedo, tal vez del poder que ejercen y, especialmente, de la vulnerabilidad de algunas personas, algunos utilizan el miedo para lograr su cometido. Hay que decir que ciertas personas lo utilizan con cautela y cierta vergüenza; sin embargo, hay otras que lo hacen sin tregua, de manera obscena y despiadada. Ejemplo de esto, está mi antiguo profesor de castellano, quien no solo se valió de su posición como profesor sino que recurrió a la amenaza para hacerme callar. Es decir, el miedo puede ser eficaz y puede valerse de él, cualquiera: lo utilizan los padres para educar a sus hijos, los profesores para lograr enseñar, los maridos para controlar a sus mujeres, los políticos para mantener sumisa a toda una sociedad.


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Muchos de nosotros podemos vanagloriarnos de ser valientes y no haber sentido miedo jamás, pero el miedo tiene una característica que muchos conocen, aunque no admitan y es que el miedo es contagioso. Somos seres sociales, lo que significa que una parte de nuestro ser, se debe a los otros. Como ejemplo de esto, puedo recordar la vez que una persona, en un centro comercial, empezó a correr y dar alaridos; como respuesta a esta acción: la mayoría de las personas empezó a correr y dar alaridos. Y resulta que la mujer gritó y corrió porque creyó ver una cucaracha (miedo individual), pero todas las demás personas huyeron y gritaron despavoridas, pensando que era una cosa peor. Es así entonces, cómo el miedo se puede hacer colectivo, sin querer y sin darnos cuenta. Esto, sin mencionar los miedos familiares o sociales, de esos que casi que nos inyectan con los biberones.


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Los miedos provocados por enfermedades contagiosas, son miedos humanos, ya que están en juego la vida y la muerte. Las falsas alarmas, el rumor, el estado de emergencia, crea en el ser humano un estado de alerta casi animal. En estos días, por ejemplo, he podido ver, a propósito del coronavirus, cómo personas se han refugiado en sus casas, no han salido ni para ver el sol y han desechado cualquier contacto humano. Más allá de que sabemos que las masas son influenciables, que todos los sentimientos son contagiosos y que en este caso, estamos hablando de un virus letal, también es cierto que hay comportamientos peores ante síntomas inocuos, si no pregúntenle a los hipocondriacos.


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En fin, hay que decir que los venezolanos somos expertos en miedos, no solo los sufrimos, también los provocamos. El venezolano del siglo XXI es un ciudadano que vive diariamente en la angustia y el pánico, por lo que ya puede estar acostumbrado a vivir en ese estado de hundimiento que nos hace tambalear con cada paso. Tal vez, es por eso que los sucesos que han ocurrido recientemente en Steemit no sean nuevos para nosotros. Vivir bajo un gobierno que quiera, de manera arbitraria, manipular todo, que imponga sus leyes y sus gobernantes, que sancione a los disidentes y muy especialmente que silencie o trate de “invisibilizar” al que difiera de ellos, es una realidad que conocemos porque es nuestra realidad de cada día. Lo que también sabemos, es que cuando el que gobierna utiliza estas tretas para tener control sobre el otro, pueden ocurrir dos cosas: que todo un pueblo se levante y diga basta o que poco a poco el miedo se contagie y todo aquel que pueda opinar, guarde silencio. Sería bueno recordar en estos días lo que dijo Dante Alighieri en la famosa Divina Comedia: “Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral”.

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS